Extras, Parte I: Unas palabras sobre el cierre de Other Music

FullSizeRender 3El “botín” que mi esposa y yo conseguimos en Other Music.

No soy un neoyorquino. Con un demonio, ni siquiera quiero ser un neoyorquino. La primera vez que junto a mi esposa visitamos los Estados Unidos concluimos que debíamos ir a Nueva York primero – la lógica detrás de la decisión fue que es una ciudad que todo el mundo debería visitar al menos una vez en la vida, y que (debido al desmesurado bombo que le dan muchas personas, que nos causaba desconfianza) tal vez no nos fuera a gustar tanto como para volver.

Terminamos volviendo en varias ocasiones. Lo disfrutamos mucho, pero igual no querríamos vivir allí – por eso no me extrañaría si llegara a pasar.

En ese primer viaje tratamos de ver cuanto fuera posible – volver a la ciudad no estaba en nuestros planes, después de todo; solo pasó-, así que leímos a profundidad una de esas guías de Lonely Planet sobre la ciudad y con ello queríamos asegurarnos de ver tanto como fuera posible. Uno de los lugares recomendados era Other Music, una legendaria tienda alternativa/indie en el Greenwich Village, que lastimosamente ha anunciado que cerrará sus puertas el 25 de junio.

No esperaba una tienda gigante, y lo que encontré en ese lugar bello fue como un sueño: toneladas de discos que siempre había querido, tanto en CD como en vinilo; música hermosa sonando todo el tiempo y una tienda chica caminable (en la que podría gastar horas recorriéndola sin cansarme). Acabábamos de comprar un tornamesas para reemplazar mi viejo tocadiscos que había muerto después de 20 años de fiel servicio, así que me aseguré de comprar vinilos: Rave Tapes de Mogwai (un disco hermoso) y Sling Shot to Heaven de Margot & The Nuclear So and So’s (que había salido semanas atrás; como nota adicional debo decir que esta banda es parcialmente responsable del nombre de nuestra gatita). Andrea, por su parte, compró todos los CDs que pudo encontrar de The National (resultamos viendo a The National en vivo en Chicago más adelante ese año, pero esa historia es para otro post). La siguiente vez que fuimos compré Jesus and Mary Chain, Ride y Slowdive. En la subsiguiente visita compramos los dos más recientes de los Decemberists (el punto de ese viaje en particular fue verlos en vivo) y además compré en secreto el Singles de Future Islands como regalo para mi esposa. En nuestra última visita en enero pasado conseguí luego de buscarlo por diez años el ( ) de Sigur Rós. Los demás discos de la foto llegaron por su Mail Order.

Puede que solo haya ido cuatro veces a la tienda y que haya comprado menos de 20 discos allí, pero no deja de ser un lugar con el que podía contar para conseguir música que realmente quisiera tener; un lugar en el que podía perder la noción del tiempo tratando de decidir qué comprar (como pasaba cuando era más chico), un lugar en donde podía recordar con claridad por qué amo tanto la música, por qué es tan importante para mí y por qué comprar discos es tan diferente a bajarlos o a oírlos por streaming. Aún amo el ritual de oír un álbum. Siempre lo amaré.

Y, lo más importante de todo, la razón de ser de este blog surgió ese día en el que puse el Alligator de The National mientras manejaba (el radio del auto tiene reproductor de CD pero no Bluetooth ni USB) y tuve la epifanía del tercer álbum que ha guiado este blog desde el principio: todo ello surgió por un disco que mi esposa consiguió en Other Music.

¿Quién dice que las tiendas de discos son absolutamente inútiles?

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