Terceros Sonidos XIV: Blink-182 – Enema of the State

IMG_4461Blink-182 – Enema of the State; MCA Records, 1999

La angustia existencial adolescente nunca envejece. Este álbum tampoco. No en el sentido de “es atemporal, suena tan fresco como cuando salió” sino más bien en el sentido de “este disco no maduró“. ¿Qué es? Recuerdos de tener 15 años, amar el skate punk y tocar batería siguiendo este álbum. Parchar con amigos escuchándolo, y sentirse igual fuera de lugar. Ser estúpidamente adolescente.

Ni siquiera es un disco malo. Es… ¿ingenuo? ¿Tonto pero encantador a su manera? ¿Divertido y tonto y ligero y rápido? Como disco de pop-punk es bastante bueno (especialmente por la batería de Travis Baker – el tipo era una bestia detrás de los tarros y este disco lo muestra bastante. Aprendí bastante siguiéndolo). Las canciones no serán nada del otro mundo (además siempre odié Adam’s Song, por la nariz de Diomedes, ¿cómo se les ocurrió algo tan flojo?) pero en ese entonces era una manera divertida de hacer pasar una hora oyéndolo dos veces y tocando mientras sonaba y riendo con las letras tontas.

De verdad no esperaba que al oír el disco para hacer este post tuviera un momento de “¡Santo cielo! ¡Cómo extrañaba esto!” o de “¡Por dios, esto es mejor de lo que recordaba!” – pero tampoco tuve un momento de “¿Por qué putas me gustaba esto?”, de esos que pasan con otras bandas de la misma época como Ultrágeno (cuando tocaron en Rock al Parque 2007 fui a verlos esperando que me volaran la peluca y lo único que pasó fue que me quedé parado con cara de ¿qué putas?).

Supongo que este disco suena mejor si uno lo pone y se echa con una PlayStation 1 a jugar Tony Hawk’s Pro Skater en vez de hacer tareas del colegio.

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Terceros Sonidos XIII: Sheryl Crow – The Globe Sessions

IMG_3774Sheryl Crow – The Globe Sessions; A&M Records, 1998.

Mi historia con este disco empieza en noviembre de 1995. En noviembre de ese año, en el marco de la gira Made In England, Elton John dio un concierto en Bogotá – la boletería oscilaba entre los 50 y 180 dólares al cambio de la fecha, algo impagable para mis 11 años (precio que se duplicaba porque igual no podía ir solo). Mi interés no era ver al presidente del Watford F.C. sino a su telonera, Sheryl Crow, que entonces me encantaba. Obviamente no pude. Seguí la carrera de Sheryl Crow (aunque nunca lograba conseguir sus álbumes) a la vez que 1997 trajo Candle in the wind y eso eventualmente me hizo agradecer no pagar ese despropósito de boleta porque le agarré una tirria inexplicable al Sir.

Saltamos a 1998, que para mi fue un año de mundial de fútbol, citas a ciegas concretadas por internet que no iban a ninguna parte, videojuegos y videoclips. Crow lanzó este álbum y el vídeo de My Favorite Mistake era parte de toda tanda de música de los viernes. Con el tiempo el sencillo dejó de sonar, dejé de pararle muchas bolas (ese mismo año salió el Adore de los Pumpkins, que fue mi disco favorito durante años) y pasó el tiempo.

Al año siguiente tomé la costumbre de quedarme a dormir donde mis abuelos los sábados para ver las transmisiones de Formula 1 en Rede Globo temprano los domingos, y en una de esas quedadas, viendo el infalible MTv2, caché el vídeo de Anything But Down. Todo lo que pensaba sobre Sheryl Crow quedó atrás, de verla como una buena cantante que me gustaba cuando era pequeño pasé a verla como una compositora impresionante. Sigo sin saber qué demonios tiene esa canción, pero siempre, siempre la repito cuando escucho el álbum. En ese entonces ni modos de repetir la canción una vez la vi (aunque igual pasaban el vídeo frecuentemente), así que decidí buscar el álbum.

Para mayo mi madre sacó un plan de vacaciones en la playa. Yo le tengo miedo al mar desde que una tormenta nos agarró en el Pacífico en una lancha de pescadores y tuve a la parca bastante cerca. Odiaba viajar con mi hermano, que con su necesidad de ser el centro de atención convertía cualquier salida de casa con él en algo insufrible para mí. El plan no pintaba muy agradable, entonces no sufrí mucho cuando me negaron el permiso de tomarme la semana en el colegio (mis notas eran un asco). Mi abuela me reemplazó en el viaje y pasé una semana tranquilo en la que fui a museos, planeé y cancelé una fiesta en casa y comí muchos pancakes.

El viaje coincidía con el día de la Madre, y un par de días antes que mi familia llegara compré el regalo para mi mamá (unos aretes); como había comido muchos pancakes había ahorrado bastante del dinero que me habían dejado para la semana y además tenía algo ahorrado, así que después de comprar el regalo pasé al almacén de al lado por el álbum. Le pegué el primer repaso mientras empacaba el regalo, luego lo oí en el computador y más tarde lo repetí. Tres veces en el primer día, así de bueno es. Poco después fue el viaje donde conseguí el Tiny Music… de STP.

Extras, Parte I: Unas palabras sobre el cierre de Other Music

FullSizeRender 3El “botín” que mi esposa y yo conseguimos en Other Music.

No soy un neoyorquino. Con un demonio, ni siquiera quiero ser un neoyorquino. La primera vez que junto a mi esposa visitamos los Estados Unidos concluimos que debíamos ir a Nueva York primero – la lógica detrás de la decisión fue que es una ciudad que todo el mundo debería visitar al menos una vez en la vida, y que (debido al desmesurado bombo que le dan muchas personas, que nos causaba desconfianza) tal vez no nos fuera a gustar tanto como para volver.

Terminamos volviendo en varias ocasiones. Lo disfrutamos mucho, pero igual no querríamos vivir allí – por eso no me extrañaría si llegara a pasar.

En ese primer viaje tratamos de ver cuanto fuera posible – volver a la ciudad no estaba en nuestros planes, después de todo; solo pasó-, así que leímos a profundidad una de esas guías de Lonely Planet sobre la ciudad y con ello queríamos asegurarnos de ver tanto como fuera posible. Uno de los lugares recomendados era Other Music, una legendaria tienda alternativa/indie en el Greenwich Village, que lastimosamente ha anunciado que cerrará sus puertas el 25 de junio.

No esperaba una tienda gigante, y lo que encontré en ese lugar bello fue como un sueño: toneladas de discos que siempre había querido, tanto en CD como en vinilo; música hermosa sonando todo el tiempo y una tienda chica caminable (en la que podría gastar horas recorriéndola sin cansarme). Acabábamos de comprar un tornamesas para reemplazar mi viejo tocadiscos que había muerto después de 20 años de fiel servicio, así que me aseguré de comprar vinilos: Rave Tapes de Mogwai (un disco hermoso) y Sling Shot to Heaven de Margot & The Nuclear So and So’s (que había salido semanas atrás; como nota adicional debo decir que esta banda es parcialmente responsable del nombre de nuestra gatita). Andrea, por su parte, compró todos los CDs que pudo encontrar de The National (resultamos viendo a The National en vivo en Chicago más adelante ese año, pero esa historia es para otro post). La siguiente vez que fuimos compré Jesus and Mary Chain, Ride y Slowdive. En la subsiguiente visita compramos los dos más recientes de los Decemberists (el punto de ese viaje en particular fue verlos en vivo) y además compré en secreto el Singles de Future Islands como regalo para mi esposa. En nuestra última visita en enero pasado conseguí luego de buscarlo por diez años el ( ) de Sigur Rós. Los demás discos de la foto llegaron por su Mail Order.

Puede que solo haya ido cuatro veces a la tienda y que haya comprado menos de 20 discos allí, pero no deja de ser un lugar con el que podía contar para conseguir música que realmente quisiera tener; un lugar en el que podía perder la noción del tiempo tratando de decidir qué comprar (como pasaba cuando era más chico), un lugar en donde podía recordar con claridad por qué amo tanto la música, por qué es tan importante para mí y por qué comprar discos es tan diferente a bajarlos o a oírlos por streaming. Aún amo el ritual de oír un álbum. Siempre lo amaré.

Y, lo más importante de todo, la razón de ser de este blog surgió ese día en el que puse el Alligator de The National mientras manejaba (el radio del auto tiene reproductor de CD pero no Bluetooth ni USB) y tuve la epifanía del tercer álbum que ha guiado este blog desde el principio: todo ello surgió por un disco que mi esposa consiguió en Other Music.

¿Quién dice que las tiendas de discos son absolutamente inútiles?

Terceros Sonidos XII: Stone Temple Pilots – Tiny Music…

IMG_3685Stone Temple Pilots  – Tiny Music… Songs From The Vatican Gift Shop; Atlantic, 1996

Scott Weiland. Cuando el buen viejo murió escribí algo en tumblr sobre este álbum (que es el único que realmente me interesó tener de ellos). Una de las cosas tristes de tener mi edad es que la música de mi preadolescencia y adolescencia está llena de cadáveres tempranos y sobrevivientes de sobredosis y similares. Los ídolos de juventud de muchos se han ido de mala manera y no deja de ser triste pensar que el estilo de vida caricaturesco de rockstar se haya vuelto casi una norma.

Nunca entendí por qué había gente que consideraba a Stone Temple Pilots como un Pearl Jam descafeinado. Tampoco entendí a quienes decían que a uno solo le podía gustar una de las dos bandas. Por otra parte, reitero: solo este disco me interesó lo suficiente para tenerlo, para oírlo completo más de una vez entonces tampoco me  puedo declarar un conocedor a profundidad – sin embargo sé que es una banda muy importante para quienes crecimos en esa época y que marcó a muchos, sobre todo a muchos de quienes decidieron formar una banda al crecer.

Tiny Music es un disco muy sabroso porque no es estático, tiene suficiente variedad para no saltar canciones (incluso Art School Girlfriend, que suena como si la hubieran grabado por llenar espacio y reírse un rato), bellos instrumentales… ha envejecido bien, además.

Este disco llegó a mí a mitad de año, 1999. Viajé con mi hermano (mala idea) a Pasto (una tía vive allá); la semana y media que estuve allá me esforcé bastante por pasar todo el tiempo que pudiera solo (lejos de mi hermano, pero como él “monopolizaba” a mis primos resultaba siendo igual solo) y varias veces fui a recorrer las tiendas de disco del centro de la ciudad; no había muchas pero había y eso era más que suficiente para gastar buen tiempo tranquilo y entre recorrido y recorrido terminé comprando en un 2×1 este álbum y el Mantra de Shelter (a Shelter los vería en vivo el año siguiente); probablemente por ello relaciono a STP tanto con Pasto como con estar tranquilo.

Al final resulté cambiando el tiquete (bellas épocas en que cambiar un tiquete era fácil Y GRATIS) y regresé a Bogotá una semana antes de lo previsto, solo. Incluso perdí el vuelo para el que había hecho el cambio (e igual me volvieron a cambiar al vuelo de la tarde, de nuevo GRATIS). Llegué a Eldorado a las 4 de la tarde a bordo de un viejo DC-9 de Intercontinental. Era domingo, ese día Colombia y Argentina jugaban por la Copa América y Martín Palermo falló tres penalties, lo recuerdo porque cuando llegué llamé a mi familia y todos habían salido de la ciudad, así que tuve que tomar dos buses para llegar a casa. El bus en el que iba tenía sintonizado el partido y el conductor reía cada vez que Palermo erraba un penal. Junto a mí en el bus iba una pareja de ciudadanos chinos que iban a quedarse en un hotel de la Candelaria porque querían estar cerca al centro – duré todo el trayecto preguntándoles si estaban seguros que eso era buena idea. Al final no los convencí de nada, cambié de bus frente a la gobernación y pasé un resto de vacaciones tranquilo, solo. Junto a Stone Temple Pilots.

Terceros Sonidos XI: Blind Melon – Nico

En primera medida me disculpo con el selecto público lector por la ausencia de posts en las últimas semanas: todo empezó con una otitis que me impidió escuchar música durante una semana y media y cuando esta hubo curado la gata dañó el cargador de mi computador de casa – estoy usando el computador de trabajo y he tenido que acomodar mucho trabajo para poder sacar tiempo para el blog. Espero que a mediados de mes todo vuelva a la normalidad y pueda usar el computador de casa de nuevo. 

IMG_3684Blind Melon – Nico; Capitol: 1996

Como en esta parte del blog vamos a mediados de los noventa ya empezamos a acumular cadáveres: El grunge y post-grunge, la época de oro de la payasada del rockstar autodestructivo que nos privó de buenos músicos gracias al mismo público que casi que exigía que sus rockeros fueran una caricatura estúpida.

Por la muerte temprana de Shannon Hoon, Blind Melon quedó con dos discos oficiales (Blind Melon y Soup); en 1996 lanzaron esta colección de rarezas. De nuevo acomodo las reglas a gusto y lo considero un Tercer Álbum, no solo porque es un testamento de la banda (lo siento, nada que haya salido bajo el nombre Blind Melon posterior a 1996 cuenta para mí) sino porque fue para mí la forma de aprender a apreciarlos más allá de No Rain.

No Rain es una de esas canciones que absolutamente todos hemos oído y que no todos saben quién la toca ni como se llama; por alguna razón que no recuerdo tenía el título y el artista presente en ese entonces. Este álbum lo encontré en la canasta de descuentos de una tienda de discos adjunta a un hipermercado que no me paga por mencionarlo (entonces no lo haré) aún cuando había salido apenas un año atrás. No sabía que fuera una recopilación, ni que Shannon Hoon había muerto (de nuevo, apenas sabía de la existencia de No Rain y el nombre de la banda), y me arriesgué a comprarlo precisamente por la versión “rasgada” de No Rain que viene aquí. Al igual que la versión original es la canción más floja del álbum (pero eso lo vendría a descubrir más adelante).

El hilo conductor de Blind Melon es, para mí, la voz de Shannon Hoon. Una voz única, sin la carga de mugre de la época, potente y frágil a la vez, que transmite una cantidad malsana de emociones. Quitar este elemento desbarata la gracia a la banda (cabe anotar que los tres discos tienen en sus créditos de composición “Blind Melon como unidad”, las canciones fueron un esfuerzo de escritura colectivo y la interpretación instrumental es de un nivel altísimo así no parezca a simple escucha) y en este disco se encuentran los mejores trabajos vocales de Hoon (Soup, una canción perfecta que inexplicablemente dejaron por fuera del disco QUE LLEVA EL MISMO NOMBRE; Soul One, que saca lágrimas; y St. Andrew’s Hall, versión demo de St. Andrew’s Fall del Soup, que a pesar de ser una versión sin terminar bien podía haber ido en el álbum así y habría quedado bien).

Los álbumes abren puertas, eso es un hecho, y con el Nico las pequeñas epifanías que tuve fueron ligeramente relevantes: no solo le paré bolas a la banda, además conseguí los dos discos faltantes de manera inverosímilmente fácil y barata (Soup lo conseguí en otra canasta de descuentos de la misma tienda de discos pero en otro lugar, Blind Melon lo compró mi hermano y me pagó algo con él), cosa que no habría pasado si no me arriesgo a comprar este disco; por otra parte, la voz de Hoon me enseñó que para cantar bien no hay que imitar voces ajenas sino afinar con la que uno tiene, en el rango que uno tiene (para mi yo de 13 años eso fue tremendo descubrimiento) o se corre el riesgo de terminar siendo el cantante de una banda de bar que todavía en 2011 trata de imitar al Eddie Vedder de 1991 (lo vi más veces de las necesarias).

Nico termina con una canción que Shannon dejó en el contestador de Christopher Thorn, uno de los guitarristas de la banda, y con ese dato inútil termina este post.

Terceros Sonidos X: Slowdive – Pygmalion

IMG_3540Slowdive – Pygmalion; Creation, 1995

Slowdive. Una de las joyas de la corona, una banda que conocí tarde pero a tiempo, una banda por la que prendo velas todos los días para poder ver en vivo ahora que se reunieron, una banda cuyos “proyectos hijo” (Mojave 3, Monster Movie y Televise) también me dejaron boquiabierto siendo tan distintos entre sí y tan distintos de la banda… Todo un conjunto que vale la pena explorar, y que surgió de tres hermosos discos.

Conocí a Slowdive en 2005 – 10 años después del lanzamiento de este álbum – con el Souvlaki, un disco absolutamente hermoso que merece una enciclopedia, unas semanas después de haber salido del hospital luego de mi primera cirugía. Durante todo el resto del proceso oncológico fui conociendo, poco a poco, el resto del trabajos de los de Reading. Mi primer contacto con este disco fue Cello, que fue lo único que conseguí en los imposibles P2P de la época, y luego Blue Skied An’ Clear, que del álbum es la que más se parece a canciones de los dos discos anteriores, y exagerando. Cuando por fin tuve acceso a todo el álbum fue… chocante. No porque no me gustara, sino porque venía acostumbrado a “Slowdive suena a melodías bonitas y muros de guitarra y más y más guitarra” y me estrellé de frente con este muro minimalista… y me encantó. Riffs cortos, letras más simples e indescifrables con mucho, mucho, MUCHO eco, guitarras acústicas, mucha repetición… es impresionante, a su manera particular.

He estado en ocasiones muy conectado con la forma dispersa y abierta del álbum. Lo oí mucho durante 2007, año en el que se formó mi anterior banda, Síndrome Estocolmo; para entonces lo que escribía musicalmente tenía muchas repeticiones (pero era muy, muy cargado en las secuencias que hacía) y solo un par de ideas alcanzaron a llegar a canciones completas, muy mutadas de la idea con las que las empecé (afortunadamente) y que no terminaron en el álbum que grabamos. Los últimos tres años lo he recuperado del olvido y algo ha marcado en las ideas más mínimas y abiertas que he tenido – de las que no hay registro sonoro tampoco. Hay cosas que debo corregir en mi aproximación a la música, aparentemente.

Duré varios años buscando la “sagrada trinidad” del Shoegaze (Loveless de MBV, Nowhere de Ride y Souvlaki de Slowdive), incluso llegué a tenerla varias veces en el carrito de Amazon para darme cuenta que no podía pagar a quien me prestara la tarjeta de crédito en ese momento. En uno de los viajes que hemos podido hacer con mi esposa fuimos a Other Music (tienda imperdible); decidí poner fin a las largas que le di a esa compra y encontré el Nowhere y el Loveless. Decidí no llevar el Loveless ese día porque tampoco había encontrado el Souvlaki… hasta que vi un pequeño set con los tres álbumes de Slowdive. No me importó nada más, incluso casi dejo el Nowhere para otra ocasión. Llegar a casa y poner los tres discos de corrido fue una bella experiencia y una gran forma de cerrar un viaje en el que habíamos visto a The National y habíamos estado a orillas del lago Superior esperando que el viento se detuviera para ver volar unos globos que nunca despegaron (y que no importó). Meses atrás la banda se había reunido y eso dio pie, junto a esta sencilla compra (parte de un gran viaje), a este deber de verlos en  vivo. Pronto.

Terceros Sonidos IX: No Doubt – Tragic Kingdom

IMG_3539No Doubt – Tragic Kingdom; Trauma/Interscope, 1995

Sólo puedo empezar confesando cuán de lado dejé este álbum los últimos 15 años. ¿Culpo al Rock Steady? ¿Culpo al Beacon Street? ¿Me culpo a mí mismo por envejecer mal? El caso es que llevaba buen buen tiempo sin oír este álbum con dedicación y me voló la peluca en serio. A veces pienso que hay discos que uno es incapaz de apreciar bien en el momento que uno los conoce (y por eso es que insisto en repasar álbumes, propósito central de este blog). ¿Qué me faltaba para apreciar “apropiadamente” este disco allá en 1997 cuando me lo regalaron de cumpleaños? Sin embargo le di mucho mucho palo, el librillo está bien desgastado y sé que es de los álbumes a los que les he tenido que reemplazar la caja varias veces.

Hace algunas semanas hablaba con Laura sobre las letras de Gwen Stefani a propósito del Return of Saturn y la conclusión era lo adolescentil/confesional de ellas. Esta escucha me ha cambiado un poco esa perspectiva y creo que, por lo menos en este álbum, son más inteligentes/profundas/interesantes de lo que recordaba. Cuando oía repetidamente este disco no tenía la cabeza para darme cuenta y más adelante ya las daba por sentadas. La lección del día es que hay que pararle bolas a todo, siempre. Es bello encontrar cosas nuevas en canciones viejas/que hacen parte de otras épocas de uno.

El repaso al álbum de hoy me ha hecho apreciarlo también como una unidad bastante sólida (por ejemplo, casi 19 años después noto que las canciones escritas por Eric Stefani solo sirven como cierres de las dos mitades del álbum y tiene todo el sentido del mundo que estén donde están incluso si una de ellas da título al disco; incluso me atrevería a afirmar que esta división estaba pensada para vinilo. Ver esta estructura hasta ahora también es algo de lo que me apeno.

En mi adolescencia, en cambio, apreciaba mucho las canciones sueltas (en general y en este disco en específico); el colegio en el que estudié* era dado a muchos paseos, salidas y retiros en los cuales me era absolutamente indispensable mi viejo walkman. A principios de 1997 compré uno en San Andrés (que aún conservo) que era mi colega en los trayectos de bus de esas salidas – un discman estaba fuera de mi alcance en ese entonces e incluso si lo hubiera tenido no lo habría llevado cerca a la gente con la cual estudié, me habrían puesto a perder muy feo. En ese entonces pasaba a casete algunos pocos de los álbumes que tenía o me prestaban para poder oírlos fuera de casa, o bien hacía mixtapes con lo que tenía, una suerte de “best of the best”; conservaba estas cintas en la caja del walkman (eran los noventas y cada aparato tenía una caja diez veces más grande de lo necesario, entonces le cabían muchas cintas; además era una forma de mantener algo de orden) y cuando tenía una de estas salidas programadas elegía un par o tres (lo que aguantaban las pilas) y con eso tenía suficiente para estar tranquilo. Recuerdo que en una puse Sunday Morning para abrir el lado B y funcionaba bastante.

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* Sé que es más larga esa frase que “mi colegio” pero con el sentido de pertenencia negativo que me genera ese lugar es imposible referirme a él como “mío”.