Extras II – Aranjuez

Hoy escribo con el  termostato aún más abajo ya que corté 25 cm de pelo de mi cabeza – no tenía el pelo tan corto desde que estaba en primaria. Pero ¿por qué es este dato absolutamente inútil relevante al post? Porque a esa época me remontaré, no sin antes dar algo más de contexto: esta semana he estado tentado a hacer ejercicio oyendo la versión de Miles Davis del Concierto de Aranjuez.

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Desde que tengo uso de razón en mi casa hubo una versión del Concierto de Aranjuez de Rodrigo interpretada por Ángel Romero (portada del casete arriba). Aún conservo ese vinilo. No recuerdo cuándo lo oí por primera vez, pero si recuerdo algo en clase de música del colegio. En ese entonces las clases de música eran un desorden absoluto, porque sin enseñarnos absolutamente nada de fundamentos pretendían hacer que 45 infantes aprendieran a tocar guitarra de la noche a la mañana. Un profesor, exasperado, decidió mostrarnos lo importante que era aprender a tocar (de nuevo, sin fundamentos en absoluto), y en una clase puso un vídeo de John Williams tocando en la Alhambra.

La primera pieza fue Asturias, de Isaac Albéniz. No voy a decir que me hizo querer aprender a tocar guitarra (ese honor se lo llevaría el glorioso Souvlaki de Slowdive), pero creo que fui el único que prestó atención al resto de la clase. El siguiente fragmento que nos mostraron fue el Adagio del Concierto de Aranjuez, recordé que lo tenía en casa y lo oí compulsivamente todo el mes siguiente apenas llegaba a casa, todos los días. Creo que es una de las obras que más profundo me llega, me conmueve muchísimo y no logro dar con por qué pasa esto.

Por ello fue tan increíblemente bello redescubrir ese concierto con la interpretación de Miles Davis (con arreglos de Gil Evans). Aprendí a apreciar mucho más a Miles gracias a mi esposa, y empezamos a coleccionar sus álbumes a partir de una recopilación que le regalé en un cumpleaños. Cuando visitamos el increíble Academy Records (lugar al que hay que volver antes que sufra la misma suerte de Other Music) conseguimos una colección que incluía Kind Of Blue, Sketches of Spain y In A Silent Way. Sketches of Spain, con esta versión sublime como primer track, se volvió de mis favoritos inmediatos. Al punto que de verdad considero buena idea hacer ejercicio escuchándolo.

De ñapa una versión del Concierto de Aranjuez con Ángel Romero como solista (no es la misma que tengo pero no me quejo)

Terceros Sonidos XIX: Sigur Rós – ( )

IMG_4934.JPGSigur Rós – ( ), 2002: Fat Cat Records/[PIAS]

Me parece relevante todo el arte del disco, la cubierta externa, el cuadernillo etéreo, el CD sutilmente decorado y el niño sonámbulo: no sé qué demonios tiene este álbum pero siempre deja esa misma sensación de estar caminando entre sueños (y entre pesadillas, en algunos momentos), de no saber exactamente si uno realmente acaba de oírlo o no.

Llegué a este álbum en 2005 gracias a unos amigos, y este año el álbum llegó a mí. Fue mi última compra en Other Music (texto en inglés), la mejor tienda de discos de este lado del Atlántico, antes de su cierre. Me parece curioso haber adquirido este disco antes de que “el sueño terminara”. Entre los recuerdos que (creo) tener de él está haberlo oído una noche en mi cama, a punto de quedar dormido, y haber recibido la descarga del séptimo corte y quedar pasmado y no poder dormir. Es una cosa increíble la forma en que transmite tan fuertemente tantos sentimientos… o exacerba los que uno tiene… o que hace descubrir lo que uno realmente está sintiendo… o reprimiendo a veces… y es capaz de llevar al llanto, a la taquicardia, ¡y ni siquiera tiene letras en un idioma real!

Sé que cada persona puede reaccionar de distintas maneras al disco aún si se está oyendo al mismo tiempo (aunque las reacciones más comunes están en los extremos “qué aburrido” y “eso suena como si estuvieran masacrando cisnes”). No me atrevo a decir que cambia la emotividad que uno le pone cada vez que lo escucha. Para mí, en este momento en el que lo oigo, es una catarata en la que estoy lavando el estrés que cargo – llevo 75% del disco y me siento mucho más ligero que al empezar a oírlo.

Una cosa hermosa de este álbum es su crudeza sonora. No suena lo-fi, suena… fuerte, descarnado, totalmente abierto, pero con esos toques de delicadeza que imprime el cuarteto de cuerdas Amiina y que contrasta con el feedback de guitarra tocada con arco. Hay una tensión constante, pero dinámica. No está uno esperando que se resuelvan cosas sino viendo cómo van pasando nota a nota, compás tras compás. Hasta los pocos silencios tienen sentido y ayudan a sentir que se está dentro de la música, como si fuera una obra de arquitectura, con volumen y forma además de textura y carga emocional y peso sonoro.

Una de las particularidades que encuentro aquí es que es muy, muy, muy difícil oír las canciones por separado. Me parece rarísimo que no toquen el álbum entero como parte del set (onda Pink Floyd con el Dark Side of The Moon); sin embargo, en las grabaciones en vivo de la banda, estas canciones sueltas igual funcionan, no pierden ni un ápice del poder que encierran. Prueba de ello es que alguna vez estaba trotando con el Inni en los audífonos y en el momento que sonó el octavo corte del álbum aceleré la marcha y de alguna manera logré mantener el ritmo durante toda la canción – 15 minutos corriendo más rápido sin sentirlo (hasta que terminó).