Terceros Sonidos XIII: Sheryl Crow – The Globe Sessions

IMG_3774Sheryl Crow – The Globe Sessions; A&M Records, 1998.

Mi historia con este disco empieza en noviembre de 1995. En noviembre de ese año, en el marco de la gira Made In England, Elton John dio un concierto en Bogotá – la boletería oscilaba entre los 50 y 180 dólares al cambio de la fecha, algo impagable para mis 11 años (precio que se duplicaba porque igual no podía ir solo). Mi interés no era ver al presidente del Watford F.C. sino a su telonera, Sheryl Crow, que entonces me encantaba. Obviamente no pude. Seguí la carrera de Sheryl Crow (aunque nunca lograba conseguir sus álbumes) a la vez que 1997 trajo Candle in the wind y eso eventualmente me hizo agradecer no pagar ese despropósito de boleta porque le agarré una tirria inexplicable al Sir.

Saltamos a 1998, que para mi fue un año de mundial de fútbol, citas a ciegas concretadas por internet que no iban a ninguna parte, videojuegos y videoclips. Crow lanzó este álbum y el vídeo de My Favorite Mistake era parte de toda tanda de música de los viernes. Con el tiempo el sencillo dejó de sonar, dejé de pararle muchas bolas (ese mismo año salió el Adore de los Pumpkins, que fue mi disco favorito durante años) y pasó el tiempo.

Al año siguiente tomé la costumbre de quedarme a dormir donde mis abuelos los sábados para ver las transmisiones de Formula 1 en Rede Globo temprano los domingos, y en una de esas quedadas, viendo el infalible MTv2, caché el vídeo de Anything But Down. Todo lo que pensaba sobre Sheryl Crow quedó atrás, de verla como una buena cantante que me gustaba cuando era pequeño pasé a verla como una compositora impresionante. Sigo sin saber qué demonios tiene esa canción, pero siempre, siempre la repito cuando escucho el álbum. En ese entonces ni modos de repetir la canción una vez la vi (aunque igual pasaban el vídeo frecuentemente), así que decidí buscar el álbum.

Para mayo mi madre sacó un plan de vacaciones en la playa. Yo le tengo miedo al mar desde que una tormenta nos agarró en el Pacífico en una lancha de pescadores y tuve a la parca bastante cerca. Odiaba viajar con mi hermano, que con su necesidad de ser el centro de atención convertía cualquier salida de casa con él en algo insufrible para mí. El plan no pintaba muy agradable, entonces no sufrí mucho cuando me negaron el permiso de tomarme la semana en el colegio (mis notas eran un asco). Mi abuela me reemplazó en el viaje y pasé una semana tranquilo en la que fui a museos, planeé y cancelé una fiesta en casa y comí muchos pancakes.

El viaje coincidía con el día de la Madre, y un par de días antes que mi familia llegara compré el regalo para mi mamá (unos aretes); como había comido muchos pancakes había ahorrado bastante del dinero que me habían dejado para la semana y además tenía algo ahorrado, así que después de comprar el regalo pasé al almacén de al lado por el álbum. Le pegué el primer repaso mientras empacaba el regalo, luego lo oí en el computador y más tarde lo repetí. Tres veces en el primer día, así de bueno es. Poco después fue el viaje donde conseguí el Tiny Music… de STP.

Extras, Parte I: Unas palabras sobre el cierre de Other Music

FullSizeRender 3El “botín” que mi esposa y yo conseguimos en Other Music.

No soy un neoyorquino. Con un demonio, ni siquiera quiero ser un neoyorquino. La primera vez que junto a mi esposa visitamos los Estados Unidos concluimos que debíamos ir a Nueva York primero – la lógica detrás de la decisión fue que es una ciudad que todo el mundo debería visitar al menos una vez en la vida, y que (debido al desmesurado bombo que le dan muchas personas, que nos causaba desconfianza) tal vez no nos fuera a gustar tanto como para volver.

Terminamos volviendo en varias ocasiones. Lo disfrutamos mucho, pero igual no querríamos vivir allí – por eso no me extrañaría si llegara a pasar.

En ese primer viaje tratamos de ver cuanto fuera posible – volver a la ciudad no estaba en nuestros planes, después de todo; solo pasó-, así que leímos a profundidad una de esas guías de Lonely Planet sobre la ciudad y con ello queríamos asegurarnos de ver tanto como fuera posible. Uno de los lugares recomendados era Other Music, una legendaria tienda alternativa/indie en el Greenwich Village, que lastimosamente ha anunciado que cerrará sus puertas el 25 de junio.

No esperaba una tienda gigante, y lo que encontré en ese lugar bello fue como un sueño: toneladas de discos que siempre había querido, tanto en CD como en vinilo; música hermosa sonando todo el tiempo y una tienda chica caminable (en la que podría gastar horas recorriéndola sin cansarme). Acabábamos de comprar un tornamesas para reemplazar mi viejo tocadiscos que había muerto después de 20 años de fiel servicio, así que me aseguré de comprar vinilos: Rave Tapes de Mogwai (un disco hermoso) y Sling Shot to Heaven de Margot & The Nuclear So and So’s (que había salido semanas atrás; como nota adicional debo decir que esta banda es parcialmente responsable del nombre de nuestra gatita). Andrea, por su parte, compró todos los CDs que pudo encontrar de The National (resultamos viendo a The National en vivo en Chicago más adelante ese año, pero esa historia es para otro post). La siguiente vez que fuimos compré Jesus and Mary Chain, Ride y Slowdive. En la subsiguiente visita compramos los dos más recientes de los Decemberists (el punto de ese viaje en particular fue verlos en vivo) y además compré en secreto el Singles de Future Islands como regalo para mi esposa. En nuestra última visita en enero pasado conseguí luego de buscarlo por diez años el ( ) de Sigur Rós. Los demás discos de la foto llegaron por su Mail Order.

Puede que solo haya ido cuatro veces a la tienda y que haya comprado menos de 20 discos allí, pero no deja de ser un lugar con el que podía contar para conseguir música que realmente quisiera tener; un lugar en el que podía perder la noción del tiempo tratando de decidir qué comprar (como pasaba cuando era más chico), un lugar en donde podía recordar con claridad por qué amo tanto la música, por qué es tan importante para mí y por qué comprar discos es tan diferente a bajarlos o a oírlos por streaming. Aún amo el ritual de oír un álbum. Siempre lo amaré.

Y, lo más importante de todo, la razón de ser de este blog surgió ese día en el que puse el Alligator de The National mientras manejaba (el radio del auto tiene reproductor de CD pero no Bluetooth ni USB) y tuve la epifanía del tercer álbum que ha guiado este blog desde el principio: todo ello surgió por un disco que mi esposa consiguió en Other Music.

¿Quién dice que las tiendas de discos son absolutamente inútiles?

Terceros Sonidos XII: Stone Temple Pilots – Tiny Music…

IMG_3685Stone Temple Pilots  – Tiny Music… Songs From The Vatican Gift Shop; Atlantic, 1996

Scott Weiland. Cuando el buen viejo murió escribí algo en tumblr sobre este álbum (que es el único que realmente me interesó tener de ellos). Una de las cosas tristes de tener mi edad es que la música de mi preadolescencia y adolescencia está llena de cadáveres tempranos y sobrevivientes de sobredosis y similares. Los ídolos de juventud de muchos se han ido de mala manera y no deja de ser triste pensar que el estilo de vida caricaturesco de rockstar se haya vuelto casi una norma.

Nunca entendí por qué había gente que consideraba a Stone Temple Pilots como un Pearl Jam descafeinado. Tampoco entendí a quienes decían que a uno solo le podía gustar una de las dos bandas. Por otra parte, reitero: solo este disco me interesó lo suficiente para tenerlo, para oírlo completo más de una vez entonces tampoco me  puedo declarar un conocedor a profundidad – sin embargo sé que es una banda muy importante para quienes crecimos en esa época y que marcó a muchos, sobre todo a muchos de quienes decidieron formar una banda al crecer.

Tiny Music es un disco muy sabroso porque no es estático, tiene suficiente variedad para no saltar canciones (incluso Art School Girlfriend, que suena como si la hubieran grabado por llenar espacio y reírse un rato), bellos instrumentales… ha envejecido bien, además.

Este disco llegó a mí a mitad de año, 1999. Viajé con mi hermano (mala idea) a Pasto (una tía vive allá); la semana y media que estuve allá me esforcé bastante por pasar todo el tiempo que pudiera solo (lejos de mi hermano, pero como él “monopolizaba” a mis primos resultaba siendo igual solo) y varias veces fui a recorrer las tiendas de disco del centro de la ciudad; no había muchas pero había y eso era más que suficiente para gastar buen tiempo tranquilo y entre recorrido y recorrido terminé comprando en un 2×1 este álbum y el Mantra de Shelter (a Shelter los vería en vivo el año siguiente); probablemente por ello relaciono a STP tanto con Pasto como con estar tranquilo.

Al final resulté cambiando el tiquete (bellas épocas en que cambiar un tiquete era fácil Y GRATIS) y regresé a Bogotá una semana antes de lo previsto, solo. Incluso perdí el vuelo para el que había hecho el cambio (e igual me volvieron a cambiar al vuelo de la tarde, de nuevo GRATIS). Llegué a Eldorado a las 4 de la tarde a bordo de un viejo DC-9 de Intercontinental. Era domingo, ese día Colombia y Argentina jugaban por la Copa América y Martín Palermo falló tres penalties, lo recuerdo porque cuando llegué llamé a mi familia y todos habían salido de la ciudad, así que tuve que tomar dos buses para llegar a casa. El bus en el que iba tenía sintonizado el partido y el conductor reía cada vez que Palermo erraba un penal. Junto a mí en el bus iba una pareja de ciudadanos chinos que iban a quedarse en un hotel de la Candelaria porque querían estar cerca al centro – duré todo el trayecto preguntándoles si estaban seguros que eso era buena idea. Al final no los convencí de nada, cambié de bus frente a la gobernación y pasé un resto de vacaciones tranquilo, solo. Junto a Stone Temple Pilots.

Terceros Sonidos XI: Blind Melon – Nico

En primera medida me disculpo con el selecto público lector por la ausencia de posts en las últimas semanas: todo empezó con una otitis que me impidió escuchar música durante una semana y media y cuando esta hubo curado la gata dañó el cargador de mi computador de casa – estoy usando el computador de trabajo y he tenido que acomodar mucho trabajo para poder sacar tiempo para el blog. Espero que a mediados de mes todo vuelva a la normalidad y pueda usar el computador de casa de nuevo. 

IMG_3684Blind Melon – Nico; Capitol: 1996

Como en esta parte del blog vamos a mediados de los noventa ya empezamos a acumular cadáveres: El grunge y post-grunge, la época de oro de la payasada del rockstar autodestructivo que nos privó de buenos músicos gracias al mismo público que casi que exigía que sus rockeros fueran una caricatura estúpida.

Por la muerte temprana de Shannon Hoon, Blind Melon quedó con dos discos oficiales (Blind Melon y Soup); en 1996 lanzaron esta colección de rarezas. De nuevo acomodo las reglas a gusto y lo considero un Tercer Álbum, no solo porque es un testamento de la banda (lo siento, nada que haya salido bajo el nombre Blind Melon posterior a 1996 cuenta para mí) sino porque fue para mí la forma de aprender a apreciarlos más allá de No Rain.

No Rain es una de esas canciones que absolutamente todos hemos oído y que no todos saben quién la toca ni como se llama; por alguna razón que no recuerdo tenía el título y el artista presente en ese entonces. Este álbum lo encontré en la canasta de descuentos de una tienda de discos adjunta a un hipermercado que no me paga por mencionarlo (entonces no lo haré) aún cuando había salido apenas un año atrás. No sabía que fuera una recopilación, ni que Shannon Hoon había muerto (de nuevo, apenas sabía de la existencia de No Rain y el nombre de la banda), y me arriesgué a comprarlo precisamente por la versión “rasgada” de No Rain que viene aquí. Al igual que la versión original es la canción más floja del álbum (pero eso lo vendría a descubrir más adelante).

El hilo conductor de Blind Melon es, para mí, la voz de Shannon Hoon. Una voz única, sin la carga de mugre de la época, potente y frágil a la vez, que transmite una cantidad malsana de emociones. Quitar este elemento desbarata la gracia a la banda (cabe anotar que los tres discos tienen en sus créditos de composición “Blind Melon como unidad”, las canciones fueron un esfuerzo de escritura colectivo y la interpretación instrumental es de un nivel altísimo así no parezca a simple escucha) y en este disco se encuentran los mejores trabajos vocales de Hoon (Soup, una canción perfecta que inexplicablemente dejaron por fuera del disco QUE LLEVA EL MISMO NOMBRE; Soul One, que saca lágrimas; y St. Andrew’s Hall, versión demo de St. Andrew’s Fall del Soup, que a pesar de ser una versión sin terminar bien podía haber ido en el álbum así y habría quedado bien).

Los álbumes abren puertas, eso es un hecho, y con el Nico las pequeñas epifanías que tuve fueron ligeramente relevantes: no solo le paré bolas a la banda, además conseguí los dos discos faltantes de manera inverosímilmente fácil y barata (Soup lo conseguí en otra canasta de descuentos de la misma tienda de discos pero en otro lugar, Blind Melon lo compró mi hermano y me pagó algo con él), cosa que no habría pasado si no me arriesgo a comprar este disco; por otra parte, la voz de Hoon me enseñó que para cantar bien no hay que imitar voces ajenas sino afinar con la que uno tiene, en el rango que uno tiene (para mi yo de 13 años eso fue tremendo descubrimiento) o se corre el riesgo de terminar siendo el cantante de una banda de bar que todavía en 2011 trata de imitar al Eddie Vedder de 1991 (lo vi más veces de las necesarias).

Nico termina con una canción que Shannon dejó en el contestador de Christopher Thorn, uno de los guitarristas de la banda, y con ese dato inútil termina este post.