Terceros Sonidos X: Slowdive – Pygmalion

IMG_3540Slowdive – Pygmalion; Creation, 1995

Slowdive. Una de las joyas de la corona, una banda que conocí tarde pero a tiempo, una banda por la que prendo velas todos los días para poder ver en vivo ahora que se reunieron, una banda cuyos “proyectos hijo” (Mojave 3, Monster Movie y Televise) también me dejaron boquiabierto siendo tan distintos entre sí y tan distintos de la banda… Todo un conjunto que vale la pena explorar, y que surgió de tres hermosos discos.

Conocí a Slowdive en 2005 – 10 años después del lanzamiento de este álbum – con el Souvlaki, un disco absolutamente hermoso que merece una enciclopedia, unas semanas después de haber salido del hospital luego de mi primera cirugía. Durante todo el resto del proceso oncológico fui conociendo, poco a poco, el resto del trabajos de los de Reading. Mi primer contacto con este disco fue Cello, que fue lo único que conseguí en los imposibles P2P de la época, y luego Blue Skied An’ Clear, que del álbum es la que más se parece a canciones de los dos discos anteriores, y exagerando. Cuando por fin tuve acceso a todo el álbum fue… chocante. No porque no me gustara, sino porque venía acostumbrado a “Slowdive suena a melodías bonitas y muros de guitarra y más y más guitarra” y me estrellé de frente con este muro minimalista… y me encantó. Riffs cortos, letras más simples e indescifrables con mucho, mucho, MUCHO eco, guitarras acústicas, mucha repetición… es impresionante, a su manera particular.

He estado en ocasiones muy conectado con la forma dispersa y abierta del álbum. Lo oí mucho durante 2007, año en el que se formó mi anterior banda, Síndrome Estocolmo; para entonces lo que escribía musicalmente tenía muchas repeticiones (pero era muy, muy cargado en las secuencias que hacía) y solo un par de ideas alcanzaron a llegar a canciones completas, muy mutadas de la idea con las que las empecé (afortunadamente) y que no terminaron en el álbum que grabamos. Los últimos tres años lo he recuperado del olvido y algo ha marcado en las ideas más mínimas y abiertas que he tenido – de las que no hay registro sonoro tampoco. Hay cosas que debo corregir en mi aproximación a la música, aparentemente.

Duré varios años buscando la “sagrada trinidad” del Shoegaze (Loveless de MBV, Nowhere de Ride y Souvlaki de Slowdive), incluso llegué a tenerla varias veces en el carrito de Amazon para darme cuenta que no podía pagar a quien me prestara la tarjeta de crédito en ese momento. En uno de los viajes que hemos podido hacer con mi esposa fuimos a Other Music (tienda imperdible); decidí poner fin a las largas que le di a esa compra y encontré el Nowhere y el Loveless. Decidí no llevar el Loveless ese día porque tampoco había encontrado el Souvlaki… hasta que vi un pequeño set con los tres álbumes de Slowdive. No me importó nada más, incluso casi dejo el Nowhere para otra ocasión. Llegar a casa y poner los tres discos de corrido fue una bella experiencia y una gran forma de cerrar un viaje en el que habíamos visto a The National y habíamos estado a orillas del lago Superior esperando que el viento se detuviera para ver volar unos globos que nunca despegaron (y que no importó). Meses atrás la banda se había reunido y eso dio pie, junto a esta sencilla compra (parte de un gran viaje), a este deber de verlos en  vivo. Pronto.

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Terceros Sonidos IX: No Doubt – Tragic Kingdom

IMG_3539No Doubt – Tragic Kingdom; Trauma/Interscope, 1995

Sólo puedo empezar confesando cuán de lado dejé este álbum los últimos 15 años. ¿Culpo al Rock Steady? ¿Culpo al Beacon Street? ¿Me culpo a mí mismo por envejecer mal? El caso es que llevaba buen buen tiempo sin oír este álbum con dedicación y me voló la peluca en serio. A veces pienso que hay discos que uno es incapaz de apreciar bien en el momento que uno los conoce (y por eso es que insisto en repasar álbumes, propósito central de este blog). ¿Qué me faltaba para apreciar “apropiadamente” este disco allá en 1997 cuando me lo regalaron de cumpleaños? Sin embargo le di mucho mucho palo, el librillo está bien desgastado y sé que es de los álbumes a los que les he tenido que reemplazar la caja varias veces.

Hace algunas semanas hablaba con Laura sobre las letras de Gwen Stefani a propósito del Return of Saturn y la conclusión era lo adolescentil/confesional de ellas. Esta escucha me ha cambiado un poco esa perspectiva y creo que, por lo menos en este álbum, son más inteligentes/profundas/interesantes de lo que recordaba. Cuando oía repetidamente este disco no tenía la cabeza para darme cuenta y más adelante ya las daba por sentadas. La lección del día es que hay que pararle bolas a todo, siempre. Es bello encontrar cosas nuevas en canciones viejas/que hacen parte de otras épocas de uno.

El repaso al álbum de hoy me ha hecho apreciarlo también como una unidad bastante sólida (por ejemplo, casi 19 años después noto que las canciones escritas por Eric Stefani solo sirven como cierres de las dos mitades del álbum y tiene todo el sentido del mundo que estén donde están incluso si una de ellas da título al disco; incluso me atrevería a afirmar que esta división estaba pensada para vinilo. Ver esta estructura hasta ahora también es algo de lo que me apeno.

En mi adolescencia, en cambio, apreciaba mucho las canciones sueltas (en general y en este disco en específico); el colegio en el que estudié* era dado a muchos paseos, salidas y retiros en los cuales me era absolutamente indispensable mi viejo walkman. A principios de 1997 compré uno en San Andrés (que aún conservo) que era mi colega en los trayectos de bus de esas salidas – un discman estaba fuera de mi alcance en ese entonces e incluso si lo hubiera tenido no lo habría llevado cerca a la gente con la cual estudié, me habrían puesto a perder muy feo. En ese entonces pasaba a casete algunos pocos de los álbumes que tenía o me prestaban para poder oírlos fuera de casa, o bien hacía mixtapes con lo que tenía, una suerte de “best of the best”; conservaba estas cintas en la caja del walkman (eran los noventas y cada aparato tenía una caja diez veces más grande de lo necesario, entonces le cabían muchas cintas; además era una forma de mantener algo de orden) y cuando tenía una de estas salidas programadas elegía un par o tres (lo que aguantaban las pilas) y con eso tenía suficiente para estar tranquilo. Recuerdo que en una puse Sunday Morning para abrir el lado B y funcionaba bastante.

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* Sé que es más larga esa frase que “mi colegio” pero con el sentido de pertenencia negativo que me genera ese lugar es imposible referirme a él como “mío”.