Terceros sonidos VIII: Alice In Chains

IMG_3355Alice In Chains – Alice In Chains; Columbia, 1995

Durante la segunda mitad de los noventas la parabólica del barrio de mi abuela tenía MTv2. Como el plan de muchos fines de semana (casi todos) era ir a visitar a mis abuelos y quedarnos ahí hasta que ellos se fueran a dormir, yo pasaba gran parte del tiempo de esas visitas viendo vídeos en el cuarto de visitantes. En una de esas interminablemente aburridas tardes apareció el vídeo de Again – oscuro, pesado, un poco como un mal presagio, pero qué canción increíble para mi yo de 12 años.

Después de esto, en una de tantas pasadas por la tienda del post anterior, me fijé en una caja morada con un perro de tres patas. ¿Qué demonios? Alice In Chains. La misma banda de esa tarde de sábado. Estaba junto al EP de SAP y tal vez un bootleg (tal vez no). Entré a mirar el track listing y vi que estaba Again. Me picó la curiosidad pero no lo suficiente. Ocasionalmente esperaba que apareciera otro vídeo de la banda en esas tandas de MTv2, cosa que jamás sucedió. Posteriormente vendieron el disco y no le presté mayor atención al asunto, hasta que en una de las infrecuentes visitas de mi papá fuimos a alguna discotienda de centro comercial, y ahí estaba. Digamos que el perro me hizo ojos, entonces pedí oír el disco al dependiente de la tienda.

Supongo que se ha dicho hasta el hartazgo que no existe una voz como la del difunto Layne Staley, pero qué hacemos si es verdad. Y una de las cosas que me enganchó del disco en esa escucha rápida fue, junto al poder de la entrada de Grind, la voz. Ese día compré el disco y entró en rotación frecuente. En ese entonces no le di mucha bola a lo denso que es, me gustaba mucho lo fuerte que sonaba. Hoy me parece un álbum terriblemente triste, único. Al oírlo para este post me di cuenta lo lleno de capas que está, y cómo logra crear tantas atmósferas con solo los instrumentos “básicos” del rock.

Frogs y Over Now fueron las canciones con las que aprendí a oír canciones más largas (para entonces mí Innuendo era la canción más interminable que conocía) sin necesidad de pasar a otra cosa. Me gusta además que estén en el final del disco, que sean tan distintas entre sí pero tan complementarias, que cada una sea cantada por alguien distinto. Supongo que con ellas aprendí la paciencia de hacer correr un disco hasta el final.

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Poco gustaba Alice in Chains entre la gente que conocía, hasta que formé varias bandas con el buen Kam. La era Ana Ansiedad/Radio Kremlin/Síndrome Estocolmo me dio un segundo aprecio por AIC: las bandas en común con la gente con la que uno hace música son siempre importantes, sobre todo si no es algo que sea tan obvio.

Por cierto, la caja morada se rompió aproximadamente en 2002. Les dejo la simbología para otro día.

Terceros Sonidos VII: Alanis Morissette – Jagged Little Pill

IMG_3331Alanis Morissette – Jagged Little Pill; Maverick, 1995

Estoy viejo. Cuando llegó a mí este álbum yo tenía 11 años (marzo de 1996) y fue de los primeros cinco que tuve (el post siguiente tratará sobre otro álbum de la misma tanda). Duré todo el final de 1995 pidiendo este álbum a mi mamá como regalo – incluso en un momento encontré una edición que tenía el librillo con las letras en cuatro idiomas en una de las discotiendas de Iserra 100 (LES DIJE: ESTOY VIEJO) pero no se pudo en ese momento.

Un par de años atrás, 1994, había empezado a ir al colegio en transporte público. Para 1996 había establecido una rutina de regreso a casa bastante establecida (me bajaba en inmediaciones del parque de Lourdes y caminaba las seis cuadras hasta mi casa por la calle 63, el pasaje de los cinemas de Chapinero, la estación de bomberos/Clínica David Restrepo, calle 61 y carrera séptima). Durante esa época, en el intento de modernización del viejo Chapinero, reconstruyeron los cinemas del pasaje y construyeron un centro comercial en el lote adyacente, el Lourdes Center; durante el resto de la década este mini centro comercial sería uno de los lugares que visitaría frecuentemente porque tenía varias tiendas interesantes: comics, camisetas, y sobre todo, una de discos.

Esta tienda era mágica: mientras que el resto de tiendas de discos del barrio (tradicionales todas: La música, Bambuco, Prodiscos, La Rumbita) tenían lo esperado en una tienda de la época, esta se especializaba en rock alternativo y encima tenía una colección de bootlegs inverosímil (nombren sus bandas favoritas de los noventas y seguro tenían un concierto “no oficial”, de esos que vendían sellos disqueros medio truchos de Europa Central a través de revistas especializadas, en sus vitrinas), muchas novedades en lo que empezaba a pegar en radio y alguna que otra joya desconocida. Tenían, además, un sistema en el que sellaban una tarjeta por cada compra y a las 12 compras regalaban otro disco. Se volvió una parada obligada de mis regresos a casa el mirar esa vitrina. Todos. Los. Días.

Un día, por alguna razón que no recuerdo ya, probablemente día del niño o una celebración noventera, mi mamá, que ese día había llegado temprano a casa, me llevó a ese sitio y me preguntó si todavía quería el disco de Alanis. Por supuesto que lo quería. Me lo regaló, sé que con mucho esfuerzo porque entonces no andaban muy bien las cosas en casa. Gracias, ma.

Como tenía pocos discos en ese entonces era muy dado a repasar todos los días los que tenía. Llegaba a casa casi a las 2 de la tarde, almorzaba y me pasaba la tarde oyendo mis discos, o radio. Ocasionalmente llevaba el walkman al colegio y para poder oír los álbumes en el camino los grababa en un casete para el viaje en bus. Algunas veces intercambiaba por un par de días álbumes con mis amigos. El Jagged Little Pill era una suerte de Santo Grial en mi grupo de amigos de entonces, la gente con la que andaba lo quería oír siempre (resulté prestándoles el casete a varios). Lo curioso es que la gran mayoría de ellos se transformó en cabeza de termo y de un momento para otro simulaban no saber de qué iba el álbum; para entonces ya tenía mejores amigos.

Llevaba buen tiempo sin sentarme a oír este álbum antes de repasarlo para este post. Me sorprende lo mucho de detalles que tiene y que no recordaba (o que no había notado por los audífonos de mierda que tenía entonces), me volvió a volar la peluca la contribución de Flea y Dave Navarro, entendí mucho mejor las letras (buenas letras, me parece) y me pregunté por qué no lo tuve presente durante los últimos años. Es un gran disco para oír junto a mi esposa, ya que sé que ella también es fan.

Terceros Sonidos VI: Smashing Pumpkins – Pisces Iscariot

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The Smashing Pumpkins – Pisces Iscariot; Virgin Records, 1994

Aquí es donde empiezo a torcer las reglas del blog a mi gusto. ¿Es este un verdadero Tercer Álbum? Sí es el tercer lanzamiento “larga duración” de los Pumpkins, pero es una colección de lados B y outtakes. ¿Por qué lo pongo aquí entonces? ¿No sería mejor escribir sobre el Mellon Collie and the Infinite Sadness (como debería)?

Pues, para mí, este es un Álbum verdadero. No solo tiene un montón de canciones increíbles que se sienten como una entidad única – incluso si la producción varía de tema a tema, desde el “en vivo desde mi cuarto” de Soothe, pasando por el sonido radiodifuso de Landslide o el tratamiento Butch Vig de temas como Frail and Bedazzled. Cada canción es diferente de las demás; sin embargo,  logra ensamblarse una unidad cohesiva. Ejemplifica todo lo que amaba de los Pumpkins entonces. Los siguientes lanzamientos, Mellon Collie and the Infinite Sadness y The Aeroplane Flies High, también son bastante variados-pero-coherentes (y también cuento TAFH como un álbum).

Algunos de ustedes sabrán que SP fue mi banda favorita en el universo por más de una década y aún los aprecio bastante. Me devastó que se separaran, me prometí ir a verlos a donde no pidieran visa cuando se reunieron (lo hice) y verlos en vivo es uno de los momentos cumbre de mi vida concertística -así los hayan superado como EL concierto de mi vida unas cuantas veces.

Antes de la reunión estaba tratando de ser un completista de la banda. Salvo por el EP Lull, que desapareció de Amazon/CDNow cuando por  fin tuve el dinero (y la posibilidad de que me prestaran una tarjeta de crédito) para comprarlo, este álbum era imposible de conseguir*. Incluso logré descargar el Machina II con una conexión telefónica antes de tener el Pisces Iscariot, y la forma en que lo conseguí es una de las mejores. Cuando entré a la universidad uno de mis amigos de colegio fue a San Francisco por un año a “estudiar inglés” (ya hablaba bien inglés) y nos escribíamos varias veces a la semana – yo no estudiaba con nadie del colegio y era, como recordarán de un post anterior, jodidamente tímido. En algún email le mencioné que no lo lograba conseguir (parece que dejaron de prensarlo a principios de siglo) y de sorpresa lo compró y me lo entregó cuando regresó. Gracias, Viejo Cocacolo.

Aún trataba de tocar batería en ese entonces (tenía una especie de banda de covers de Placebo con algunos amigos y no tocaría bajo hasta un año más adelante) y un día uno de mis compañeros de banda dejó su guitarra en mi casa (ensayábamos ahí). Aún oía este disco como si hubiera acabado de salir (entiendan, tardé seis años en conseguirlo) y estaba perdidamente enamorado de Soothe, el corte que abre el disco. Es una canción tan simple y tan poderosa. Imprimí una tablatura y traté de sacarla con mis nulos conocimientos. Fracasé miserablemente, por supuesto.

Me pregunto si ahora que tengo más idea de tocar guitarra la pueda sacar…

* Aún no he podido conseguir el Lull. El Aeroplane Flies High lo conseguí de segunda en 2007, pero el Lull aún me evade.

Terceros sonidos V: Green Day – Dookie

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Green Day – Dookie; Reprise, 1994

Este es el álbum más viejo que conservo, ya que fue el segundo que adquirí/me regalaron (no digamos mentiras,  a los 11 es imposible que haya comprado algo así con mi propio dinero. Creo) – el primero fue el Unplugged de Eric Clapton, que mi hermano cambió por uno de LOS PUTOS DE MANÁ Y AÚN ME DA RABIA (no por Clapton, sino que… ¿MANÁ? ¿EN SERIO?). Como se puede apreciar en la foto el disco está vuelto verga, la caja verde desapareció hace años de tanto uso y el cuadernillo está arrugado y medio roto porque tengo 21 años con ese disco y le he dado más pata que un Peñarol – Cerro Porteño por semifinales de la Libertadores.

A fuerza de repetición aún me acuerdo de todo el álbum, cada palabra, cada riff, cada fill de la batería, cada detalle. Claro, que el disco dure cuarenta minutos ayuda a memorizarlo. Que fuera uno de los únicos dos álbumes que tenía también. A tal punto me aprendí este álbum que en unas vacaciones de fin de año que tenía algo de efectivo salí de mi casa (en ese entonces vivía a dos-tres cuadras de todas las tiendas de instrumentos de Chapinero) y me compré unas baquetas para tratar de seguirlo de alguna manera – mi hermano tenía una guitarra y mis manitas de t-rex me hicieron desistir rápido de ella.

Son pocos los discos que uno dice que influyen de alguna manera fuerte en la vida, pero para mí este puede ser de esos que marca un camino. El punk me alejó del parche metalero, y por alguna razón que no entiendo me ayudó a oír más cosas. Al comprar esas baquetas el intentar hacer música se hizo parte de mi vida, y he pasado por casi todos los instrumentos. Me picó la curiosidad musical por muchos lados. Me ayudó mucho a aprender inglés. En resumen, fue un disco formativo. Y hay que darle mucho, mucho amor a los discos que ayudan a formar el carácter.

Terceros sonidos IV: Galaxie 500 – This Is Our Music

  Galaxie 500 – This Is Our Music; Rough Trade, 1990; reedición de Rykodisc de 1997.

Mi primer año de universidad fue bastante raro porque era excesivamente tímido. En mi semestre entramos aproximadamente 25 y para segundo semestre ya había desertado una tercera parte. La línea de teoría literaria empezaba a ponerse complicada y no era tan sencillo hacer trabajos en grupo, no como lo fue en el primer semestre en que no concía a nadie y no podía hacer mucho para remediar eso. Las personas con las que más hablaba eran aquellas con quienes había presentado la entrevista (y dos de tres me odiaban), así que la mayoría de trabajos los hacía con Jaime, quien estaba haciendo Literatura después de haberse graduado de otra cosa y era 10 años mayor que el resto.

Para un trabajo de Bases Semiológicas y Lingüísticas de la Literatura (nombre completo de la materia) fui a su casa. Una de las cosas que me gustaba de hacer trabajos con él es que tampoco podía concentrarse si no había música sonando (unos semestres más adelante eso creó un problema con un grupo de estudio para Simbolismo, todos los demás se distraían con lo que sonara, fuera lo que fuera); además, su colección de discos era bastante impresionante y reveladora (recordemos que tenía yo 17 años, 18 si mucho) y ese día, además de Stone Roses y The Cure, puso el This Is Our Music de Galaxie 500.Cuando  terminamos el trabajo le pedí que lo repitiera. Desde la entrada de Fourth Of July quedé absorto.

Unas semanas después conseguí un compilado de la banda (The Portable Galaxie 500) muy barato en Tower Records, que empezaba a mostrarse impotente ante la piratería. Si bien es un compilado brutal, quedé tan enamorado del This Is Our Music que revolqué todas las tiendas buscándolo. Apareció dos meses después en el mismo Tower y por un precio ridículo ($10.000). Es de los discos más bellos que jamás haya escuchado, todavía me vuela la peluca, todavía siento que tengo mucho que aprender de él, todavía lo pongo y llego a puntos en que vuelvo a poner la canción que suena desde el principio con el volumen más alto una y otra vez.

Las diez canciones (contando el bonus track) en este álbum son demoledoras; no tiene un segundo malo, los covers son mejores que las originales (que no es que sea muy difícil en el caso de Yoko Ono, y aún así es tan impresionante esta banda que hasta una canción de Yoko Ono les suena buena)… siento que no hay forma de hacerle justicia con palabras, así que dejo aquí. Solo digo que lo busquen, lo oigan y se enamoren (si es que no lo aman ya).

Terceros sonidos III: U2 – War

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U2- War; Island Records, 1983

Una de las pequeñas bendiciones (pero una bendición, al fin y al cabo) del matrimonio es compartir la colección musical con la pareja. Andrea tiene un montón de discos chéveres de su época de soltera y ¿quién soy yo para resistirme? Este es uno de ellos y para hacer este post lo escuché completo y con juicio por primera vez.

Creo que la carrera de U2 se puede dividir en cinco eras: la primera, del inicio hasta o el War o el Unforgettable Fire la llamo “A romper con todo”. La segunda, hasta el Achtung Baby, la llamo la “Era Bombástica”. La tercera incluye el Zooropa y el Pop y la llamo “Raro pero sabroso”, seguida del All That You Can’t Leave Behind como un puente entre esta y la final: “¿¡Pero qué necesidad!?”.

Como dije anteriormente, es la primera vez que escucho este disco completo y prestándole mucha atención. Todavía estoy sorprendido con lo sólida que es la sección rítmica (se supone que es la primera vez que Larry Mullen Jr. usó una pista metrónomo para grabar las baterías y Adam Clayton estaba tocando mucho mejor que en los dos primeros discos, y se notan ambas cosas). En el sentido de la producción, no son solo la columna vertebral del álbum sino que también es donde está todo el énfasis sonoro: las guitarras no tienen muchos efectos y la voz no está mezclada más alto que los demás instrumentos, entonces el bajo sucio, fuerte y con punch y la batería que suena a que el productor se tomó toodo el tiempo del mundo para poner los micrófonos alrededor de la mejor manera posible para grabarla son tan importantes como todo lo demás – y esto no era frecuente en los ochenta.

Cuando tocaba batería, el primer patrón “complejo” que me aprendí fue el de Sunday Bloody Sunday. No tenía mucho aprestamiento, no tenía un metrónomo para mantener bien el tiempo, ni siquiera tenía una mugre batería en la casa; lo que sí tenía era la canción en un casete y la repasaba en mi walkman tocando como pudiera (especialmente en la batería que hubo durante una pequeña temporada en mi colegio) hasta que por fin la saqué a la perfección; traté entonces de convencer a cualquiera que supiera tocar algo para que nos reuniéramos a sacarla para alguno de esos festivales musicales pendejos que hacen los colegios. Resulta que a nadie a quien le gustara la banda sabía tocar nada y los que tocaban algo la odiaban con odio jarocho – esto fue durante los noventa, cuando solo los metaleros odiaban a U2. Sí, estudié en un colegio de cabezas de termo.

Al oír el disco tuve un momento de “¿PERO QUÉ PUTAS ACABA DE PASAR?” con los cortes 6, 7 y 8. El 6 suena como si fuera algo de Simple Minds y las otras dos… pues… podían haberlas dejado por fuera del disco. Creo que hasta U2, con lo grosos que eran entonces, tenían sus canciones de relleno en los álbumes (lo chistoso es que el disco siguiente, el The Unforgettable Fire, no tiene presa mala). Lo más raro de que la sexta canción (The Refugee) suene a algo de los Minds es que ¡en ese entonces era la banda escocesa la que trataba de ser como la banda irlandesa! Acabo de leer que esa canción en particular la produjo alguien distinto a Steve Lilywhite y eso podría ayudar a entender por qué suena tan fuera de lugar.